Del Papel y los sellos al móvil: las rutas también necesitan dar el salto digital

Imagen ejemplo de ruta digital

Rutas gastronómicas, del vino, del aceite, del queso, de la tapa, senderos turísticos, itinerarios culturales, recorridos comerciales, caminos históricos… España cuenta con miles de propuestas que invitan a descubrir un territorio siguiendo un hilo conductor. Y lo mismo ocurre en prácticamente cualquier lugar del mundo.

Sin embargo, muchas de estas iniciativas siguen dependiendo de un soporte que apenas ha cambiado durante décadas: folletos, mapas, desplegables y guías impresas.

El papel puede seguir teniendo su espacio, pero resulta difícil justificar que continúe siendo el soporte principal de una ruta en un momento en el que prácticamente todos llevamos un mapa, una cámara, un navegador y una guía turística en el bolsillo.

Una ruta impresa empieza a quedarse antigua en cuanto sale de imprenta

El problema no es únicamente la cantidad de papel que se utiliza. Imprimir miles de folletos supone producción, transporte, almacenamiento y distribución. Y, además, existe otro inconveniente importante: la información impresa es estática mientras que los territorios están vivos.

Un restaurante cambia de horario, un comercio cierra, aparece una nueva bodega, se incorpora un museo, cambia un teléfono o surge un nuevo punto de interés. En una guía impresa, cualquier modificación obliga a convivir con información desactualizada o a realizar una nueva tirada.

En un entorno digital, esos cambios pueden incorporarse prácticamente de inmediato.

Mucho más que sustituir un folleto por una pantalla

Digitalizar una ruta no debería significar simplemente convertir un tríptico en PDF. El verdadero salto está en transformar el recorrido en una experiencia interactiva.

Un visitante puede consultar desde su móvil dónde se encuentra, localizar los puntos de interés cercanos, obtener indicaciones para llegar, consultar horarios, acceder a fotografías o vídeos, descubrir la historia de un lugar o decidir dónde comer y qué visitar a continuación.

Además, el formato digital permite incorporar contenidos que el papel difícilmente puede ofrecer: mapas interactivos, geolocalización, audio, vídeo, diferentes idiomas, enlaces, códigos QR o información actualizada en tiempo real.

Y existe otra ventaja especialmente interesante para quienes gestionan destinos y proyectos turísticos: una ruta digital puede ayudar a entender cómo se utiliza el recorrido. Saber qué contenidos despiertan mayor interés o qué lugares reciben más consultas aporta información útil para mejorar futuras acciones.

Menos papel y una ruta que puede seguir creciendo

La digitalización tampoco implica necesariamente eliminar por completo los materiales físicos. Un pequeño mapa, una señal o un código QR pueden seguir funcionando como puerta de entrada. La diferencia está en que ya no es necesario imprimir toda la información una y otra vez.

Además de reducir el consumo de recursos, esto permite que una ruta deje de ser un producto cerrado. Puede incorporar nuevos establecimientos, ampliar recorridos, añadir contenidos o adaptarse a distintas campañas y épocas del año.

Desde Ideanto hemos trabajado precisamente sobre esta idea con el desarrollo de Ruta Digital (rutadigital.es): trasladar al entorno digital itinerarios turísticos, gastronómicos, culturales o comerciales y facilitar que puedan consultarse desde el dispositivo que el visitante ya lleva consigo y gamificar la experiencia a la vez que el destino obtiene datos de interés.

Porque quizá el futuro de las rutas no consista en dejar de recorrer caminos, probar vinos, descubrir comercios o conocer pueblos. Todo lo contrario.

Consiste en utilizar la tecnología para que descubrirlos sea más sencillo, más sostenible y mucho más enriquecedor para los visitantes y los destinos.